La técnica de entrada de una nave espacial en la atmósfera terrestre se parece un poco al juego de hacer rebotar una piedra sobre el agua de un estanque.
Si la nave Orion de la Artemisa II por ejemplo hubiera entrado recta y del tirón hacia la Tierra, a 40.000 km/h, la fricción con la atmósfera desintegraría a la tripulación.
Lo que se hace es hacer una entrada oblicua, que permita una entrada leve; se frena para volver a subir, enfriarse y volver a dejarse ‘caer’…
El “rebote” evita además un riesgo mucho mayor para los materiales de la nave por la bola de fuego que la envuelve a la entrada
Si la nave Orion de la Artemisa II por ejemplo hubiera entrado recta y del tirón hacia la Tierra, a 40.000 km/h, la fricción con la atmósfera desintegraría a la tripulación.
Lo que se hace es hacer una entrada oblicua, que permita una entrada leve; se frena para volver a subir, enfriarse y volver a dejarse ‘caer’…
El “rebote” evita además un riesgo mucho mayor para los materiales de la nave por la bola de fuego que la envuelve a la entrada